
EL TECNO-APOSTASISMO o APOSTASIA TECNOLOGICA
("La Herejía de la Auto-Redención Digital")
Queridos hermanos y hermanas, es el tiempo para que todos los pastores, obispos, sacerdotes, diáconos, y todos los que, de una forma u otra, nos consideremos discípulos y seguidores de Cristo, soltemos de una vez por todas las Redes sociales, y retomemos las REDES que Jesús puso en nuestras manos para que fuéramos, como Él, PESCADORES DE HOMBRES.
No sigamos cayendo en el engaño del “Tecno-Apostacismo” o Apostasía Tecnológica. Ningún ser humano puede Redimirse a sí mismo y mucho menos "digitalmente". La redención nos viene solo de Jesucristo, y la obtenemos a través de su Palabra, cuando la ponemos en acción en la "REALIDAD REAL" no en la realidad virtual.
Estamos aún a tiempo de mantener encendido nuestro FOCO DE ESPERANZA.
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Para iniciar, te pregunto:
¿Cuántas notificaciones, llamadas y mensajes has recibido hoy en tu teléfono?
¿Cuántos minutos, o hasta horas, has pasado frente a una pantalla?
¿Cuánto ruido ha inundado tus sentidos el día de hoy?
¿Cuántas noticias y situaciones te han mantenido completamente distraído en cosas meramente mundanas?
Hoy en día, la Iglesia se enfrenta a un invierno espiritual sin precedentes, donde el cristianismo auténtico es amenazado desde afuera por el relativismo moral y la adicción a las pantallas, cuya comodidad digital adormece los sentidos de nuestros cuerpos, bloqueando por completo el accionar de nuestros espíritus. Pero hay una herida aún más profunda y esa es una herida interna: la alarmante frialdad espiritual que arropa a la feligresía, empujándola hacia una apostasía silenciosa, mientras presenciamos con dolor la ruptura de los llamados ser nuestros pastores con la enseñanza tradicional de la doctrina de la iglesia y el misterio mismo de la eucaristía. Hemos caído en el engaño tecnológico de creer que lo importante es atraer 'seguidores' y buscar el aplauso y aprobación del mundo, olvidando que la verdadera misión de la Iglesia y sus fieles no es inflar números, sino llevar almas a los pies de Cristo, para que alcen un día la salvación.
Vivimos en la era de la hiperconectividad, de los algoritmos y de una insaciable sed digital. Una era donde el éxito se mide en "seguidores" y donde, paradójicamente, el alma humana parece experimentar un invierno de profunda frialdad espiritual. A veces miramos a nuestro alrededor y sentimos miedo ante la crisis de fe, la apostasía silenciosa o las divisiones que parecen agrietar nuestra Iglesia. Sentimos que el cristianismo auténtico se debilita.
Pero la historia nos enseña un secreto que es guardado a voces: Dios no se asusta de nuestras tormentas.
A lo largo de los siglos, cada vez que la barca de la Iglesia pareció zozobrar ante el error, la opulencia o la división, la Gracia Divina respondió de una manera infalible y apropiada a las necesidades de los tiempos. No envió ejércitos; envió a santos. Y no los envió solos, sino agrupados en “redes” de amistad, carismas y familias, como verdaderos brotes de flores en un mismo jardín.
Hoy por hoy, Dios continúa llamando a hombres y mujeres para que se conviertan en los santos que librarán esta nueva batalla de su iglesia, la gran herejía de nuestros tiempos, la cual no está utilizando ni cascos, ni escudos, ni espadas, sino la indiferencia y el engaño. Es la batalla contra La Herejía de la Auto-Redención Digital que podemos llamar también “Tecno-Apostasismo” o “Apostasía tecnológica”. Un engaño sutil que nos lleva a buscar la aprobación del mundo y no la aprobación de Dios; una perversión aberrante que busca suplantar el discernimiento del Espíritu por una “falsa iluminación” obtenida a través de algoritmos y pantallas que nos tienta a cambiar un momento “viral en las redes” por la vida eterna que ofrece Jesucristo; y la nueva ola de pastores y “apóstoles modernos” que ponen a sus seguidores virtuales por encima de un alma sedienta de Tradición Cristiana y hasta alteran el Sacramento misterioso de la Eucaristía, para que sea agradable a los propios hombres y no a Dios.
La tecnología no es mala, de hecho, es muy buena y ha sido desarrollada con la inteligencia con que el mismo Dios nos ha dotado a los seres humanos, y que nos diferencia del resto de la creación. Lo malo de la tecnología es lo que hacemos con ella, cuando la utilizamos de manera abusiva, dañina y egoísta, convirtiendo en desgracia lo que como una Gracia de Dios hemos recibido.
Esta es una mini investigación de aspectos históricos y pastorales para mostrarnos el pasado como herramienta útil que ilumine nuestro oscuro presente. Haremos a un viaje a través del tiempo para comprender que la crisis actual del mundo no es su fin, sino la preparación del terreno fértil donde Dios sembrará una nueva primavera para toda la humanidad, siempre y cuando haya hombres y mujeres, amigos o familiares, que estén dispuestos a aceptar el llamado de Dios para convertirse en los “Santos de los Últimos tiempos”. De no ser así, la única solución será su intervención divina.
Para ayudarnos a preparar para esta batalla que es, sin duda, una de las más difíciles a la que se ha enfrentado la iglesia después de la venida de Jesucristo, analizaremos como Dios fue llamando a personas como tú y como yo, para encomendarle la defensa y protección de su iglesia a lo largo de la historia de la humanidad. Y lo vamos a plasmar con el estilo peculiar de una de las mentes que más aportado al cristianismo en materia de lucha contra las herejías, después de haberlas practicado él mismo: San Agustín, Obispo de Hipona
